Un taller de vestidos de noche en Venezuela cose bolsas para cadáveres
Tras los terremotos que se han cobrado más de 3.500 vidas, las costureras de Efraín Mogollón cortan polietileno negro. El único adorno es una imagen de Cristo en relieve en la cremallera.
El diseñador Efraín Mogollón empieza su jornada en Venezuela como siempre, en un despacho con bocetos de vestidos elegantes colgados de las paredes.
Pero las filas de trabajadoras inclinadas sobre las máquinas de coser no están cosiendo sus habituales prendas alegres y llenas de color. Con el gesto concentrado y sombrío, unen paños oscuros de plástico: son bolsas para cadáveres. Los terremotos de hace dos semanas se cobraron más de 3.500 vidas y desbordaron a los servicios de emergencia. El único adorno es una imagen en relieve de Jesucristo prendida en la cremallera.
«Es una sensación completamente distinta», dice Mogollón mientras carga varias fundas envueltas en plástico en una ambulancia en Catia La Mar, una zona costera del estado de La Guaira, junto a Caracas. Es uno de los puntos más castigados por los seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio. «Y al mismo tiempo nos llena la satisfacción de saber que, con nuestro pequeño aporte y desde nuestro sitio, estamos ayudando», añade, de pie en una calle donde los edificios se han convertido en montones de hormigón, ladrillo y hierro.
Buena parte de las labores de rescate y recuperación sobre el terreno las llevaron a cabo los propios civiles, junto con equipos de rescate profesionales llegados de todo el mundo, bomberos y voluntarios del Ejército. Fueron también los civiles quienes en los primeros días tras los seísmos aportaron una parte importante de la ayuda en especie, comida y ropa, sobre todo en La Guaira. Organizaciones humanitarias internacionales, entre ellas el International Rescue Committee, han señalado que la respuesta no está a la altura de la magnitud de las necesidades.
En el taller, estrecho, el equipo de Mogollón despliega rollos de polietileno negro sobre una gran mesa. Contra la pared hay rollos de tela: rosas, rojos, azules. Los maniquíes de mujer están apartados a un lado.
La costurera Mary Castillo lleva dos semanas cosiendo bolsas para cadáveres todos los días. Dice que el trabajo ha sido duro, pero que le ha dado una sensación de sentido en medio de la tragedia. «Es muy triste. Pero tenemos que seguir trabajando y hacer el esfuerzo de salir adelante».